A los treinta y tres años, Adriana Lucas ha hecho de la ligereza un método: sin teléfono móvil, sin promesas y con amantes que caducan antes de llegar a doler. Una carta certificada rompe ese equilibrio y la obliga a volver a la hacienda de olivos y algarrobos donde nació, para asistir a la lectura de las últimas voluntades de Laura Falcó, la mujer que fue su abuela sin serlo. Allí la esperan Marcos, el amigo de la infancia que un día la quiso, y Helena, el amor que nunca supo nombrar ni cerrar. Marien Koan firma una novela sobre el deseo, la pertenencia y las puertas que seguimos sin cruzar.
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A los treinta y tres años, Adriana Lucas ha hecho de la ligereza un método: sin teléfono móvil, sin promesas y con amantes que caducan antes de llegar a doler. Una carta certificada rompe ese equilibrio y la obliga a volver a la hacienda de olivos y algarrobos donde nació, para asistir a la lectura de las últimas voluntades de Laura Falcó, la mujer que fue su abuela sin serlo. Allí la esperan Marcos, el amigo de la infancia que un día la quiso, y Helena, el amor que nunca supo nombrar ni cerrar. Marien Koan firma una novela sobre el deseo, la pertenencia y las puertas que seguimos sin cruzar.
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