Una niña aburrida atraviesa la pantalla del televisor y aterriza en un territorio donde las reglas de la física cotidiana no rigen. Con el molde del clásico de Carroll, Robert Gilmore convierte la mecánica cuántica en un paisaje recorrible: trenes de electrones, un banco que presta energía a plazo fijo y albañiles que levantan paredes lanzando ladrillos al azar. Una alegoría narrativa, acompañada de notas que devuelven cada escena a la ciencia real.
Formatos disponibles
Una niña aburrida atraviesa la pantalla del televisor y aterriza en un territorio donde las reglas de la física cotidiana no rigen. Con el molde del clásico de Carroll, Robert Gilmore convierte la mecánica cuántica en un paisaje recorrible: trenes de electrones, un banco que presta energía a plazo fijo y albañiles que levantan paredes lanzando ladrillos al azar. Una alegoría narrativa, acompañada de notas que devuelven cada escena a la ciencia real.
Valora la obra y elige hasta tres tonos.
Inicia sesión para añadir o editar tu reseña. Iniciar sesión
Sé la primera persona en reseñar esta obra.