Ana es una joven historiadora de veintidós años. Desde la infancia ha sentido una pasión irreprimible por todo lo viejo, lo olvidado, lo que apesta a tiempos idos. Mientras sus contemporáneos navegan en la posmodernidad con naturalidad, ella se sumerge en crónicas decimonónicas, monedas de cobre, artefactos de barro. Es rara, lo sabe, pero esa rareza es su brújula. Con su tesis bajo el brazo, viaja sola a El Rosario, un pueblo minúsculo enclavado entre cerros verdísimos, donde una pintura virreinal aguarda en una capilla. Allí descubrirá que la historia no es un depósito de hechos muertos, sino un diálogo vivo con voces olvidadas.
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Ana es una joven historiadora de veintidós años. Desde la infancia ha sentido una pasión irreprimible por todo lo viejo, lo olvidado, lo que apesta a tiempos idos. Mientras sus contemporáneos navegan en la posmodernidad con naturalidad, ella se sumerge en crónicas decimonónicas, monedas de cobre, artefactos de barro. Es rara, lo sabe, pero esa rareza es su brújula. Con su tesis bajo el brazo, viaja sola a El Rosario, un pueblo minúsculo enclavado entre cerros verdísimos, donde una pintura virreinal aguarda en una capilla. Allí descubrirá que la historia no es un depósito de hechos muertos, sino un diálogo vivo con voces olvidadas.
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